Gárgola de luna y ensueño

Gárgola de luna y ensueño

En mis sueños la vi.

Vi una gárgola posada en la fachada de un viejo rascacielos, impasible, y a la luna definiendo su pétreo perfil con su luz fantasmal. De noche, no me atrevería a apostar por el corazón que empezó antes a latir, el de fría plata astral o el de piedra erosionada; puede que lo hicieran a la vez. Pero parece imposible que aquella figura recortada entre piedra y constelaciones se rija por el tiempo; algo en su expresión eterna sugiere que sólo se postra ante el viento que la acaricia y la luna que la alumbra. Todo lo demás le resulta tan vacío y abstracto como el horizonte al que mira, cada vez más artificial.

Allí sentada, con la mente opaca y vacía, se limita a observar con sus ojos infinitos lo que ocurre a sus pies sin prestarle la menor atención. Los árboles de la calle siguen cambiando de color, desnudándose y volviéndose a vestir sin que cambie nada para la gárgola. El sol la calienta cuando brilla poderoso justo sobre su cabeza, y la luna va cambiando su forma en una danza sin fin, como siempre. En los días de tormenta, recibe la lluvia y la toma entre sus alas recogidas, dando de beber a cientos de aves cuando regresa la calma, como siempre. Durante el frío invierno recoge la nieve, entregándosela como ofrenda al sol, que la funde entre sus dedos, como siempre. Y todas las noches me recibe a mí, sin saberlo, y yo la observo a través de un sueño que no se decide a abandonarme. ¿Qué hago yo allí? Puede que sea ella misma la que me lleva incesantemente a su lado porque se ha cansado de observar; porque puede que el viento no tenga la suficiente fuerza para dominar su vuelo y que la luna le quede demasiado lejos.

En ese caso, vuela hacia el horizonte si es donde anhelas llegar cada vez que mis párpados se cierren, y ven a sellarlos con tus fríos besos de buenas noches. En ese caso, gárgola, te soñaré libre y nunca más nada será como siempre.

Una respuesta a «Gárgola de luna y ensueño»

  1. Avatar de mamamono

    No tiene ninguna historia detrás. Surgió de la nada una noche que no podía dormir, y empecé a describir la imagen de la gárgola en la noche en el móvil. He retocado este texto muchas veces, porque siempre tengo la sensación de que esta historia es un círculo imperfecto que empieza y termina en lugares distintos. Supongo que esto se debe a que en todos mis otros textos el principio se da la mano con el final, o hay algún tipo de conclusión sólida, algo palpable. En este caso, en cambio, el motivo de la historia es tan sutil que parece incluso inexistente.

    Quizá se podría interpretar como una metáfora sobre la monotonía, sobre la rutina, que nos vuelve seres de piedra, gárgolas impasibles ante lo que ocurre delante de nosotros porque es siempre lo mismo, tan predecible. Como ella, miramos al horizonte, algo abstracto en realidad, que tomamos como un símbolo de libertad, de escape, porque lo desconocido no deja de ser un lugar donde todos los «quizás» tienen cabida.

    Pero esta es solamente una interpretación de tantas, todas válidas. Si tenéis alguna aportación que hacer, ¡no dudéis en publicarla en los comentarios! Me encantaría leerla.

    Me gusta

Deja un comentario

Soy Mireia,

Y os doy la bienvenida a mi bosque, donde bestias de tinta se alimentan de palabras y crían historias.