Somos cuerpos, obras de arquitectura divinas o simples castillos de arena nacidos de las estrellas. Somos las estrías y las imperfecciones que confieren autenticidad a las esculturas, y el fuego que da vida al barro. Somos los cinco sentidos que añaden trazos y colores a los paisajes que pintamos en nuestra memoria. Somos el caos de Wagner y la calma de Beethoven, la música que nos acompaña al girar en nuestra bella cajita. Somos danzas alrededor de las hogueras y bajo lámparas de cristal y pomposos vestidos; somos movimientos eufóricos, libres, y también pasos calculados. Incluso en nuestro ocaso, cuando los vientos del sur nos elevan de nuevo hacia las constelaciones, dejamos como réquiem nuestras historias, siendo para siempre lo que somos: conmovedores versos sin rima, efímeras obras literarias, y las más brillantes y anónimas estrellas de cine.









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