Bajad las armas

Bajad las armas

Bajad las armas contra nosotros, que no sostenemos más que la espada y la balanza de la justicia que anhelamos. Una espada despojada de su filo, separando lo que está bien de lo que está mal con la misma violencia que una madre separa los mechones de su hija al peinarla con los dedos. Todos los colores de las banderas que enarbolamos bajo consignas de libertad están pintados sobre tela blanca. Colores que no se alimentan de la avaricia del oro, de la sangre de nuestros enemigos ni de las lágrimas de sus amantes; sino del trigo maduro, las rosas y un calmo mar mediterráneo. No buscan nuestros gritos la provocación, aunque las montañas que los transportan juegan traviesas con los ecos de nuestras voces.

Bajad las armas porque os equivocáis, que nuestra guerra no es contra las personas que comparten la tierra que pisamos, una lengua y una historia con nosotros, sino contra aquellos que juegan al ajedrez enfrentando piezas del mismo color. Démonos cuenta de que quien tiene el verdadero control del juego nunca se encuentra en el tablero. Liberemos juntos a aquellos peones que han sido devueltos a la caja sin haberse movido siquiera.

Bajad las armas, gentes del sur, lanzadlas al mar, pues no debería ser más grande el odio a lo desconocido que el amor a lo que os rodea. Amigos que besan a hombres, niñas que son niños, mujeres orgullosas de serlo, hermanas que aman a alguien llegado de lejos, personas que no deberían encontrarse con muros en su camino, enfermos que merecen ser cuidados, animales que no ven fin a su sufrimiento. A todas estas personas apuntáis también con vuestras armas, obedeciendo, antes que a vuestro propio juicio, a las palabras desordenadas que unas malditas montañas os hacen llegar, y siguiendo las órdenes de un jugador que, aun barriendo todas las piezas del tablero, seguiría siendo el vencedor.

Bajad las armas, y si todavía ansía vuestro dedo apretar el gatillo, tornad vuestro odio en determinación y apuntad arriba, más arriba de nuestras cabezas. Abrid fuego contra los prejuicios y las mentiras que empañan vuestra mente de colores oscuros y pegajosos, que os nublan la vista y oxidan la espada que debería protegernos a todos. Colguémonos del mismo plato de la balanza y devolvamos a los que se tienen por superiores a nuestro mismo nivel. Equilibrémonos. Porque nadie tiene derecho a elegir cómo deben vivir los demás, y menos aún si sus decisiones se basan en el miedo y el egoísmo.

Bajad vuestras armas o seguid apuntándonos: no lograréis más que herir a vuestro propio reflejo, y nosotros seguiremos luchando para que entendáis que con balas no se arreglará nunca una bandera desgarrada, no se escuchará mejor un himno, ni se enderezarán coronas. En la sala de los espejos las apariencias engañan, y puede que sigan cayendo cristales al suelo, pero para quien decida cerrar los ojos y aguzar el oído nuestro grito no cesará. Cambiad los fusiles por un puño en alto, y luchad con nosotros contra el huracán que ha sido invocado y que nos tragará a todos por igual.

Una respuesta a «Bajad las armas»

  1. Avatar de mamamono

    Este texto nació de la necesidad; de la necesidad de gritar a los cuatro vientos que nos estamos volviendo locos. Que no puede ser que la extrema derecha vuelva con tanta fuerza, que debemos aprender del pasado, pues esa es la función de la historia: enseñarnos a no caer en los mismos errores. Cada una de las doce sillas ocupadas por diputados de Vox en el parlamento andaluz es un fracaso de la sociedad, un puñetazo en los cuerpos de las mujeres, de los inmigrantes, del colectivo LGTBI, de los toros, y de la libertad. Y sí, lo relato desde mi punto de vista: el de una independentista catalana que no desea más que poder vivir en paz y con la justicia que nos merecemos. Y no sólo hablo de Cataluña. Nos lo deseo a todos. A España, a Brasil, a Austria. A todos. Sólo pretendo denunciar nuestro papel como receptores de todo el odio nacional, como excusa para hacer las cosas mal, un fin por el que justificar los despreciables medios; una condición impuesta por el pútrido sistema bajo el que hemos votado y estamos votando vivir.

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Soy Mireia,

Y os doy la bienvenida a mi bosque, donde bestias de tinta se alimentan de palabras y crían historias.